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HUMAN ZERO – NOSOTROS SENTIMOS Y LOS ROBOTS PIENSAN

 

Human Zero- Nosotros sentimos y los robots piensan

Si los robots y máquinas con Inteligencia Artificial demuestran tener una inteligencia lógica mayor que la nuestra, ¿no deberíamos desplegar la totalidad de nuestra inteligencia intuitiva?

La inteligencia intuitiva, inherente al ser humano, puede convertirse en un valor añadido en la competencia futura con las inteligencias digitales. Esta inteligencia es aún más rigurosa y eficaz de lo que imaginábamos.

Mientras que la parte izquierda del cerebro pretende ser eficaz, rigurosa y racional, la intuición de la parte derecha permite comprender lo desconocido. Algunos neurocientíficos hablan de ello como un ‘inconsciente de adaptación’ que saca el mejor provecho de nuestros recursos interiores. El filósofo Schopenhauer le atribuía a este lado del cerebro todas las obras geniales en todas las doctrinas. Henri Poincaré, matemático, escribió: ‘Probamos por medio de la lógica, pero descubrimos por medio de la intuición’.

Einstein define la intuición como una ‘sensación en la punta de los dedos’, muy distinta al frío rigor de los datos cifrados. El inventor siempre ha elogiado esta aproximación no racional y no científica y llegó a decir: ‘La imaginación es más importante que el conocimiento’; ‘La lógica te llevará desde el punto A al B. La imaginación te llevará a todas partes’.

 

¿Y si despertásemos nuestro cerebro derecho… en compañía?

Las dos partes del cerebro deberían ser complementarias, ya que la nueva civilización digital va a necesitar de estos dos potenciales. No se trata de frenar la evolución tecnológica por el miedo de preservar al ser humano, sino de optar por una complementariedad simbiótica entre:

-La inteligencia lógica con el fin de gestionar el mundo de la innovación con la I.A. actual.

-La inteligencia de la intuición y la capacidad creativa con el fin de que el ser humano comprenda, de manera global, las implicaciones de los cambios que se dan en el mundo tecnológico.

Una estrategia realmente simbiótica entre el hombre y la máquina es posible si el ser humano reconquista el gran valor que tiene -previa aceptación del sistema económico- y si está dispuesto a cooperar con la I.A. en lo que esta sabe hacer mejor que él. El verdadero progreso ya no sería el rendimiento tecnológico, sino la eficacia sociológica de una complementariedad de estas dos inteligencias en una entidad biológica y una entidad digital. 

¿Y si para empezar (re)inyectásemos en nuestras empresas y en todas las organizaciones un poco más de inteligencia intuitiva humana?

Actualmente ya podemos experimentar el aporte de inteligencia intuitiva en lugares de cooperación donde la estructura organizativa reconoce las competencias plurales y permite aproximaciones menos racionales para expresarse y comportarse. Lugares como fablabs, makerspaces, start-ups, plataformas open source, hacker-spaces, en el día de mañana, podrían ser la inspiración para que, las empresas más tradicionales absorbieran esta apuesta por la intuición. Quizás esta sería la clave para que las empresas comiencen a destacar, en este mundo monopolizado por titanes como los GAFA (Google, Amazon, Facebook, Apple).

Volviendo a ser prácticos, hablemos de management. Imaginemos por un instante que los managers de las empresas tienen unos objetivos de eficacia.

El primer objetivo de eficacia es mantenerse con un buen rendimiento y competente en su oficio, con su organización, logística y medios técnicos disponibles. Para ello, implican a unos ‘cerebros izquierdos’ y mañana implicarán a unos robots inteligentes, que probablemente sean más eficaces, rigurosos, fiables e infatigables, gracias a su ‘Súper Cerebro Izquierdo’.

Pero estos managers también saben que sus organizaciones van a tener que transformarse en una estructura organizativa con equipos de colaboradores híbridos (humanos y no humanos) interrelacionándose y pasando de una tarea a otra en equipos ad-hoc temporales. Aquí es cuando van a tener la necesidad del talento de los ‘cerebros derechos’ para conseguir esta transformación.

Toda esta reflexión que marca una tendencia conduce a un reequilibrio de las inteligencias.

 Por ello, más que nunca, debemos de potenciar a los profesionales con esa capacidad creativa que nos va a llevar al equilibrio tan necesario estos días, donde el futuro de la IA se comienza a perfilar.

Personas con aptitudes que no se adquieren con formación, sino más bien con las que se nace. Como la energía infatigable fruto de las ganas y el deseo de transgredir; también con curiosidad, en todos los sentidos, sin encerrarse en una especialización; con el anticonformismo para atreverse a salir de los senderos trazados y de las antiguas recetas y las agallas para intentar otra cosa, para sumergirse en lo desconocido y lo imprevisible, guiadas solamente por la intuición, por una visión o una utopía.

Profesionales con capacidad de hacer ‘bricolage’ (vanagloriado por Levy Strauss) para crear algo nuevo sin medios, de producir una innovación austera; con el deseo de alcanzar lo que se ha previsto sin estar solo, porque estos profesionales suelen actuar en red y utilizan toda su energía, y la de la colaboración y solidaridad de múltiples talentos.

Las leyes Darwinistas han demostrado, a lo largo de la historia, que no ha existido una gran cantidad de mutaciones viables y rentables, por ello estos profesionales están acostumbrados a sembrar la duda en sus compañeros y a fracasar, exigiendo así a la parte derecha de sus cerebros la capacidad de la resiliencia para volver a levantarse una y otra vez.

Integrando estas inteligencias intuitivas creativas humanas, conseguiremos la transformación de nuestras organizaciones y empresas… a las que podremos confiar rápidamente la gestión eficaz relativa al programa de las inteligencias digitales.

 

La llegada de las inteligencias digitales conduce a una nueva civilización. Quizá sea el momento de revisar nuestro modelo de inteligencias de un modo plural.

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